Thursday, January 25, 2007

Alegre


Anoche soñé con Ale
Cada vez que la toqué
pude acariciar la alegría.

Sunday, January 21, 2007

¿Dónde está Bubulín?***


El pasado musical de una persona va ligado a su historia familiar. De nada sirve negarlo, quienes nacimos entre las Olimpiadas de 1968 y el Festival de Avándaro en 71 (o entre Tlatelolco y el Halconazo) tenemos renglones oscuros, casi siempre inconfesables, en nuestro pasado musical. Y los más duros, esos que juran por estos que jamás escucharon a Parchis y que reniegan de Timbiriche, esos son los más sospechosos de todos.
El otro día fui a la casa donde viven mis jefes y mi mamá me dio una caja llena de cosas inútiles que se encontró por allí arrumbada. Entre esos objetos olvidados encontré dos casets: Can’t stop the music de Village People y El Mundo y los amigos de... El Duende Bubulín. Sobre los intérpretes de Macho man no tengo cosa qué decir, salvo que esa cinta me la regaló mi mamá porque a ella le gustaba la canción YMCA -que usaron como tema de una convención a la que asistió hace muchos años-, imprescindible en bodas, quince años y graduaciones con ese baile medio rarito que muchos recuerdan bajo los efectos de las cubas y las notas de un grupo versátil.
Pero sobre Bubulín...
¿Qué onda con ese Maestro? ¿Alguien sabe dónde está?
Un duende que vivía en un hongo gigante... me acuerdo que cuando salía y se dejaba ver en la televisión, cantaba y contaba cuentos prometiendo un reino de magia y saber, algo muy parecido a lo que hacía María Sabina. En medio de un bosque de flores y honguitos bajo el arcoiris, Bubulín, más elevado quizá que el mismísimo San Francisco de Asís, tenía el poder de hacer hablar, cantar y bailar a los animales. Nos daba sabios consejos, narraba historias fantásticas, era ecologista y componía canciones subliminales, cachondonas y pacheconas como El Osito peludito y juguetón y Yeyo el camello. Estábamos, sin lugar a dudas, frente a un auténtico chamán infantil.
Acercándose a ellos con el debido respeto, los honguitos son como los niños: puro amor. Los niños viven en un viaje constante, semejante al de la psilocibina, cuyos efectos se diluyen y desaparecen con la edad. ¿Quién no tuvo alucinaciones cuando era niño? Bubulín lo sabía muy bien, conocía las profundidades de ese divertido viaje y en sus canciones se hizo acompañar de muchos, hongos y niños. Dejen que los niños se acerquen a mí, declaró Nick Cave a la revista Speak, retomando las sabias palabras del primer jipi en la historia de la humanidad, quien se pasó nada menos que cuarenta días en el desierto -cuando tres bastan para salir gateando y medio muerto-, antes de tener algunas de las visiones y revelaciones que marcarían el curso de la raza humana.

En corto: Bubulín es amor.

El Mundo y los amigos de... El Duende Bubulín me lo regaló mi papá cuando tenía yo unos cinco años. No sé porqué lo dejé olvidado en esa caja. Mi jefe siempre se ha mochado con buena música y para muestra hace poco me regaló Spiritual songs, el blues más primitivo grabado en las cárceles de Louisiana y Mississippi con el eco y los instrumentos originales: voces, palmas y una guitarra ocasional.
La clasificación de clásica es muy superflua para esta obra. Preferible referirse a ella como una colección de canciones que inculcan el conocimiento de la Naturaleza (el contacto perdido entre el hombre y la tierra) y la música (el pulso de la humanidad). No se trata de resucitar a alguien para enriquecerse con la venta de sus discos (aunque, pensándolo bien, no sería mala idea hacer una edición en compacto, con portada original y toda la cosa), sólo de reconocer la espiritualidad en la música de Bubulín, ese elemento esencial que sólo puede venir de un artista ins pirado. Si los grupos mexicanos de rock le hicieran un homenaje, ahorita mismo saldría corriendo y lo compraría sin pensarlo dos veces, pero eso es imposible, la mayoría de nuestros roqueros están muy ocupados en rendirle tributos a José José y a Juan Gabriel, sus héroes de la infancia, que a un personaje del calibre de Bubulín.
A ver, ¿quién a mediados de los setenta del siglo pasado tiraba este tipo de rollos a los niños? ¿Chabuelo? ¿Cepillín? ¿El Chavo del Chocho? ¿Capulina? Sólo el genial e incomparable Cri-Cri. Pero Bubulín era más underground, más macizo y acelerado, seguramente por eso sacaron del aire su programa y quedó en el olvido, porque Él no trataba de vendernos a huevo paletas Tutsi Chupa Pop, juguetes Mi Alegría, Muebles Troncoso o Pingüinos Marinela; pero sí proponía acercarse a otro estado de conciencia a través del canto, el cuento y el champi. ¡Qué nivel, planos tan altos que son inaccesibles para las mentes chaparras!
Después vinieron otros duendes que llegaron por la televisión, como los pitufos, que introdujeron una nueva modalidad del sexo entre los niños: el montón a la Pitufina. Pero Bubulín era único, pudo haber sido el guía espiritual que muchos no hemos encontrado en estos tiempos de confusión y, sin embargo, nadie sabe decir con exactitud dónde está. Le encuentro cierta similitud con Carlos Castaneda, quien después de dejar las Enseñanzas de Don Juan desapareció y poco o nada se volvió a saber de él. Pero el discípulo de Juan Matus todavía se aparece para iluminar a unos cuantos, a los elegidos, y ha publicado varios libros; Bubulín no. Si es que vive, lo más probable es que esté en retiro total en lo alto de una montaña, conversando con los espíritus de la naturaleza. Qué Sai Baba ni qué David Koresh, la verdadera onda es El Duende Bubulín. Encontrarlo puede convertirse en una misión que le dará esperanza a miles de personas. Él debe ser la luz para el resto de nosotros.

Tuesday, January 16, 2007

Regina y Andrés


Mi última fuente de alegría.

Alejada

Anoche soñé con Ale
Volaba con alas de mariposa
Me decía: Hey, flaco, alcánzame si puedes
Y no pude

Saturday, January 13, 2007

La Noche

Es vieja
se mueve lenta
pasa por el cielo
y arrastra su sombra
hasta el amanecer

Wednesday, January 10, 2007

Los Killers y Luis Miguel vs los Greenhornes y Jim Jarmusch


Los Greenhornes y Cleta.
Siempre lo he dicho, la música y las bicicletas van juntas.

La música de los Strokes en el Palacio de los Deportes sonaba lineal, plana, desafinada, hueca e inaudible. Eso anoté en la reseña de los Dandy Warhols y desde que apareció no han dejado de llover correos de fans fundamentalistas quienes viven creyendo que el rock empezó con su grupo de cabecera.
Con paciencia de santo he constestado cada uno de esos mensajes que coinciden en negarme la posibilidad de diferir del resto y expresar una opinión distinta con su “argumento” autoritario de moda: Si no te gusta, cállate. Quieren que todos escuchemos, pensemos y opinemos igual, algo indeseable para cualquier tipo de sociedad. Sin embargo, así piensa este sector del público acrítico y manipulado hasta el fanatismo desde la infancia. Esto es elemental, de Kínder A: si un grupo viene y cobra por tocar lo que siente y lo que piensa, ¿uno como espectador no puede opinar lo que piensa y siente al respecto si pagó por ir a su concierto? Cada persona experimenta la música y la hace suya de manera diferente. Allá ellos si quieren aplaudir en bola y defender en montón cualquier embuste disfrazado de rock sin ejercer su criterio ni emitir una opinión propia.
¿Por qué los Strokes y RBD comparten las mismas páginas en las publicaciones, los mismos canales de videos y estaciones de radio si se supone que son diametralmente opuestos? Se me ocurre que el público de los Strokes creció escuchando cosas como RBD y está perfectamente aclimatado a esa música. Es el mismo público unos años después, más macizón, con ese eclecticismo alivianado y falso ánimo de vamos todos juntos como hermanos, tomados de las manos, a ponernos marihuanos (diría el maestro Armando Palomas). Entre unos y otros yo prefiero a las de RBD, los Strokes no tienen esas cosas que decoran este mundo. Pero dejemos en paz a los grupos que nada malo han hecho sino venir a dar momentos de felicidad genuina. Pasemos a otro ejemplo del desfile de egos y trivialidades del rock actual, los Killers.
De pronto se ponen de moda, como tantos grupos que suenan en MTV o que salen de MySpace. Todo el mundo habla de ellos, son el clásico indie del mes, la neta del rock actual. O sea, güey, para que me entiendas, si no los has escuchado, si no has visto sus videos, estás completamente out… Siempre que hay un grupo en boca de todos desconfío de él, es un reflejo.
Entonces sucede: vienen los Killers a México y el alboroto es mayúsculo. Debo reconocer que el nombre del grupo me atrajo desde el principio (como el disco de Iron Maiden), no los había escuchado y confieso que sentí curiosidad. Estuve a punto de pedir su disco Sam’s Town en el intercambio navideño. Sin embargo, el día de su concierto apareció publicada una entrevista en el periódico Reforma en la que el vocalista declaraba lleno de orgullo ser fan de Luis Miguel. Sí, yo pensé lo mismo: ¡¿?!
No tengo nada contra Luis Miguel, pero creí que era una broma. A pesar de esto seguí leyendo y supe que lo decía en serio. Según Brandon Flowers, oriundo de Las Vegas, le encanta ir a los conciertos de “El Sol” cada vez que se presenta en los hoteles de aquella ciudad y suele poner sus discos en casa para cantar en la hora bohemia. Y fue hasta el fondo al declarar muy quitado de la pena que se inspiró en una canción de Luismi para escribir “Bones”, su mayor éxito… Ya veo a Tool en los conciertos de Cristian Castro por ser su fan declarado. A The Cult diciendo que su disco Electric se les ocurrió después de escuchar Vive la vida loca de Ricky Martin. O a Henry Rollins declarando su total y absoluta admiración por Gloria Trevi y Ale Guzmán. A eso me refiero, el público de Luis Miguel se convierte con pasividad irreprochable en el público de los Killers tan sólo unos años después, ya están preparados para aplaudir la versión maciza de Luismi.
Al cerrar el periódico perdí el interés por los Kínders y mejor pedí de intercambio un disco de rock actual que me recomendó Franz de Paula y su comentario siempre certero en materia musical: la recopilación Sewed Soles de los Greenhornes, un trío definido como “White soulful rave upping rhythm fuelled scratchy fuzz jazzed mid western hard roll”. Lo estoy escuchando mientras redacto esta nota: garage a tope, blues profundo y sicodelia en espiral que te engancha a la primera. Ojalá pudieran escucharlos como yo en este momento. O que tocaran en México. Es un trío desgarrador que colabora con el gran Jim Jarmusch en Broken Flowers, pasaron una temporada abriendo para los White Stripes y los deben haber opacado.
Es un alivio que todavía broten bandas así, libres ponchadoras, como Nebula, los Headstones, BRMC, los Datsuns, los X-Impossibles, Wolfmother, los Warlocks, los Hellacopters, Aunt Bettys, los Turbo Acs, BJTM… estos no se preocupan por verse bien planchaditos ni cuidadosamente descuidados, sino de tocar rock sin adjetivos.