Saturday, April 16, 2011

Jane´s Addiction y Los Caifanes


Entrando al Foro Sol.

Tenía ganas de estar con Yeyi y checar en vivo a Jane´s Addiction. Hicimos plan y gracias a mi broder Kino y a la productora Máquina Negra conseguimos boletos de cortesía para el primer día del Vive Latino. Vimos a Tokio Ska Paradise Orchestra, Fobia, Bomba Estéreo, Charly García y a Nortec (Bostich - Fussible). Traté de escuchar con atención a cada uno: mi top sigue siendo Nortec, Bomba me pareció divertido e interesante y Charly García, pues ya es venerable después de aventarse por la ventana de aquel hotel. Puse especial atención en mi objetivo, el eterno retorno de Juanas Adicción con sus miembros originales. Para decirlo en corto: qué bandota, conciertazo el que dieron esa noche. Sonaban muy bien (en nuestros festivales lo típico es la pésima sonorización). Farrel, Navarro, Perkins y Averic son músicos estupendos, en óptimas condiciones musicales y físicas. Ejecutaron su rock alucinante, potente, inclasificable; cuatro discos les bastaron para ascender a la categoría de clásicos. Trajeron un espectáculo cachondo, escenografía y bailarinas porno; eso es rock, sexo musical con el público e interacción en su espanglish angelino. Artistas profesionales en toda la extensión de la palabra. Estaba yo metido en la mitad de “Three Days” cuando Aidé, la amiga de Yeyi, hizo el comentario: para tener más de cincuenta años, Farrel y Navarro estaban buenísimos y se movían como veinteañeros. Ahora sí que rockstars con todas las de la ley, favorecidos por el efecto Dorian Gray.
Farrel jugando con su voz.

El sábado me quedé en el micrositio a trabajar y picado por el fenómeno mediático de Caifanes, sintonicé en Coca Cola TV las cinco canciones que transmitieron de su presentación. No entiendo al publico mexicano, en serio. Nada tiene que ver si me gustan o no (Fobia no es de mi agrado y reconozco que no sonaron tan mal), lo que se pudo apreciar por televisión (guardadas las debidas distancias de estar en vivo) fue a un “grupo” de protagonistas, pobres y planos musicalmente hablando, pero ricos en producción, publicidad (hasta Loret de Mola los entrevistó en su noticiero) y seguidores. La realidad es que sonaban descuadrados y desafinados, les hizo falta ensayar muchísimo sus propias canciones. Saúl Hernández en verdad es el José José del rock nacional, el sin voz, poniéndose a los pies de la raza con su aire de sacerdote roquero que de paso toca cumbias. Marcovich, engarrotado. Romo… Y lo peor, diría mi amiga Aidé, se veían gordos, pelones, canosos, lentos, panzones y aplatanados. Qué hueva de gente si los comparo con la vitalidad atlética y la rocanrolez de Juanas Adicción. Hernández no es Farrel y Marcovich tampoco es Navarro… Sin embargo, el público mexicano se le rindió incondicionalmente a este fraude. Just Another Great Rock and Roll Swindle, diría sonriente Malcolm McLaren. En Coca Cola TV dejaron de transmitir por una cuestión de derechos y los fans se pusieron agresivos en su chat. En twitter y facebook ni se diga, el público se descabellaba por mandar todo tipo de comentarios, rola por rola, mientras que los medios informativos reportaban en las redes los portazos a las afueras del festival. ¿Neta tanto desmadre por este cuarteto de rockstars a la mexicana? En el mundo del Vive Latino, es decir, el mundo que existe dentro de las botellas de Indio y Coca Cola, esto y más es posible.

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