Sunday, August 1, 2010
Thursday, July 15, 2010
Crónicas Felinas
II. El hombre de izquierda que cobraba con la derecha
Se fue el Señor de los Gatos. Como era de esperarse, la burocracia cultural lo santificó y los políticamente incorrectos lo desmitificaron con la misma oportunidad. Personaje de claroscuros, un ser urbano del Siglo XX con sus motivaciones y contradicciones…
Curiosamente, con todo y su fobia hacia la contracultura de los sesenta y los jipitecas, era común verlo en movidas aceleradas, desde aquella sucursal del Bar 9 llamada Metal y la primera Expo Tatuajes México hasta las tocadas de Maldita Vecindad y Café Tacuba en LUCC. De igual modo, nada le impedía militar en la “izquierda”, escribir en La Jornada y las introducciones para libros como Rock Mexicano, sonidos de la calle, de José Luis Paredes Pacho, pero al mismo tiempo colaborar ubicua y lucrativamente con los medios y la prensa de la “derecha”.
En 2004, cuando editaba una revista para los clientes Membership Rewards de American Express, el dueño de la editorial exigió ver publicado a Monsiváis en nuestras páginas. “Pero…” Sin peros, era un capricho más que una decisión razonada. Cecilia Sánchez, amiga fallecida por cáncer, me dio el teléfono y logré hablar con alguno de los secretarios de Pelo Blanco y Revuelto. Le expliqué el motivo de la llamada y le pedí su dirección para enviarle una carta y unos ejemplares de la revista. Esa tarde me devolvieron la llamada y el secretario me comunicó con el mismísimo Don de la Cultura. Le confirmé que queríamos invitarlo a colaborar en la revista. Me citó a desayunar el siguiente sábado en el Duca D´este de la Zona Rosa. Fui a la cita, seguro de que un desayuno con Monsiváis sería una experiencia inolvidable como canción de Consuelito Velázquez.
Lo encontré en una mesa, sumergido en los periódicos del día. Me pareció un personaje de Alicia en el País de la Maravillas, su rostro, el pelo blanco y sus gafas emergían del humo rosa del café. Bebimos varias tazas y platicamos sobre cine, música, literatura y periodismo. Después de todo me parecía un tipazo en esa medida, es decir, con una taza de café de por medio. Era una enciclopedia viviente, su memoria sorprendía tanto como la facilidad de conversación y su interés por escuchar, a pesar de que nos interrumpían personas y personajes de los medios y la política que pasaban a saludarlo y cruzaban comentarios con él. Lo que se dice un personaje popular. Cerca del mediodía acordamos lo referente a su colaboración y los honorarios. Se cotizaba bien el maestro. Quedó de enviarme el texto. Nos despedimos y al final dijo “Ven a verme a Portales”.
El lunes el dueño y la gente de la editorial me esperaban ansiosos por saber si Monsiváis colaboraría. Claro, el maestro accedió a colaborar, es de “izquierda”, por lo que sólo nos va a cobrar 15 mil pesitos…
Hubo un silencio profundo y miradas sorprendidas de ojos incrédulos, había personas sentadas ahí que no ganaban eso en un mes e incluso hoy.
-Bueno –dijo el dueño, empeñado en su necedad-, es Monsiváis.
Editamos un lujoso ejemplar dedicado al tema de la suerte y las supersticiones en el que colaboraron Xavier Velasco, Óscar de la Borbolla, Eduardo Monteverde, Fernando Escalante Gonzalbo, Carlos Amador, Cristina Pacheco, Roberto Pliego, Luis Javier López Farjeat, Karem Martínez y los fotógrafos Jorge Ávila y Enrique Arechavala, entre otros, cuyas colaboraciones se pagaban entre los cuatro y los seis mil pesos. La colaboración de Monsiváis llegó puntual pero fue la más cara que pagó la revista. Era un texto divertido titulado “Maldita (o bendita) sea mi suerte, mi vida me la han robado (o regalado)”. Ilustrado por el estupendo Manuel Monroy, su artículo comenzaba con la anécdota del burócrata que se sacó la lotería, pero olvidó el boleto en el pantalón que su esposa echó a lavar.
Todos quedaron satisfechos: los ejecutivos de American Express se sentían intelectuales de altos vuelos y afirmaban que el poder de su marca sedujo a Monsiváis. El dueño de la editorial hizo realidad su fantasía de publicarlo. Y el cronista nos clavó el colmillo y se metió su abultado cheque. Desde entonces considero que la incongruencia no está en vestirse de ferrocarrilero y cobrar muy bien a una compañía como AmEx, sino en asumir y predicar una ideología y trabajar para la opuesta.
“¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?”, se pregunta su comadre Elenita Poniatowska. Pues seguir lucrando desde la “izquierda” con el negocio de la cultura, disfrutar becas vitalicias y despacharse con la cuchara grande, ¿o no?
Nunca fui a visitarlo, no tuve ganas. Craso error estratégico de padrinazgo intelectual. Pero ahora que lo pienso creo que fue mejor así. Ahorita estaría limpiando la caca de los gatos con los periódicos viejos y contestando las llamadas de López Obrador.
Se fue el Señor de los Gatos. Como era de esperarse, la burocracia cultural lo santificó y los políticamente incorrectos lo desmitificaron con la misma oportunidad. Personaje de claroscuros, un ser urbano del Siglo XX con sus motivaciones y contradicciones…Curiosamente, con todo y su fobia hacia la contracultura de los sesenta y los jipitecas, era común verlo en movidas aceleradas, desde aquella sucursal del Bar 9 llamada Metal y la primera Expo Tatuajes México hasta las tocadas de Maldita Vecindad y Café Tacuba en LUCC. De igual modo, nada le impedía militar en la “izquierda”, escribir en La Jornada y las introducciones para libros como Rock Mexicano, sonidos de la calle, de José Luis Paredes Pacho, pero al mismo tiempo colaborar ubicua y lucrativamente con los medios y la prensa de la “derecha”.
En 2004, cuando editaba una revista para los clientes Membership Rewards de American Express, el dueño de la editorial exigió ver publicado a Monsiváis en nuestras páginas. “Pero…” Sin peros, era un capricho más que una decisión razonada. Cecilia Sánchez, amiga fallecida por cáncer, me dio el teléfono y logré hablar con alguno de los secretarios de Pelo Blanco y Revuelto. Le expliqué el motivo de la llamada y le pedí su dirección para enviarle una carta y unos ejemplares de la revista. Esa tarde me devolvieron la llamada y el secretario me comunicó con el mismísimo Don de la Cultura. Le confirmé que queríamos invitarlo a colaborar en la revista. Me citó a desayunar el siguiente sábado en el Duca D´este de la Zona Rosa. Fui a la cita, seguro de que un desayuno con Monsiváis sería una experiencia inolvidable como canción de Consuelito Velázquez.
Lo encontré en una mesa, sumergido en los periódicos del día. Me pareció un personaje de Alicia en el País de la Maravillas, su rostro, el pelo blanco y sus gafas emergían del humo rosa del café. Bebimos varias tazas y platicamos sobre cine, música, literatura y periodismo. Después de todo me parecía un tipazo en esa medida, es decir, con una taza de café de por medio. Era una enciclopedia viviente, su memoria sorprendía tanto como la facilidad de conversación y su interés por escuchar, a pesar de que nos interrumpían personas y personajes de los medios y la política que pasaban a saludarlo y cruzaban comentarios con él. Lo que se dice un personaje popular. Cerca del mediodía acordamos lo referente a su colaboración y los honorarios. Se cotizaba bien el maestro. Quedó de enviarme el texto. Nos despedimos y al final dijo “Ven a verme a Portales”.
El lunes el dueño y la gente de la editorial me esperaban ansiosos por saber si Monsiváis colaboraría. Claro, el maestro accedió a colaborar, es de “izquierda”, por lo que sólo nos va a cobrar 15 mil pesitos…
Hubo un silencio profundo y miradas sorprendidas de ojos incrédulos, había personas sentadas ahí que no ganaban eso en un mes e incluso hoy.
-Bueno –dijo el dueño, empeñado en su necedad-, es Monsiváis.
Editamos un lujoso ejemplar dedicado al tema de la suerte y las supersticiones en el que colaboraron Xavier Velasco, Óscar de la Borbolla, Eduardo Monteverde, Fernando Escalante Gonzalbo, Carlos Amador, Cristina Pacheco, Roberto Pliego, Luis Javier López Farjeat, Karem Martínez y los fotógrafos Jorge Ávila y Enrique Arechavala, entre otros, cuyas colaboraciones se pagaban entre los cuatro y los seis mil pesos. La colaboración de Monsiváis llegó puntual pero fue la más cara que pagó la revista. Era un texto divertido titulado “Maldita (o bendita) sea mi suerte, mi vida me la han robado (o regalado)”. Ilustrado por el estupendo Manuel Monroy, su artículo comenzaba con la anécdota del burócrata que se sacó la lotería, pero olvidó el boleto en el pantalón que su esposa echó a lavar.
Todos quedaron satisfechos: los ejecutivos de American Express se sentían intelectuales de altos vuelos y afirmaban que el poder de su marca sedujo a Monsiváis. El dueño de la editorial hizo realidad su fantasía de publicarlo. Y el cronista nos clavó el colmillo y se metió su abultado cheque. Desde entonces considero que la incongruencia no está en vestirse de ferrocarrilero y cobrar muy bien a una compañía como AmEx, sino en asumir y predicar una ideología y trabajar para la opuesta.
“¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?”, se pregunta su comadre Elenita Poniatowska. Pues seguir lucrando desde la “izquierda” con el negocio de la cultura, disfrutar becas vitalicias y despacharse con la cuchara grande, ¿o no?
Nunca fui a visitarlo, no tuve ganas. Craso error estratégico de padrinazgo intelectual. Pero ahora que lo pienso creo que fue mejor así. Ahorita estaría limpiando la caca de los gatos con los periódicos viejos y contestando las llamadas de López Obrador.
Sunday, July 4, 2010
Monsiváis
I. Seres ilustrados

No es hacer leña del Monsiváis caído, es ejercitar el músculo de la memoria. Su muerte ha causado todo tipo de enconos, incluso pleitos entre sus santificadores y desmitificadores. También me trajo a cuento dos ocasiones en las que traté con el Don de los Gatos, en ambas me causó distintas impresiones como su personalidad felina y contradictoria.
En 1994 se realizó la primer Expo Tatuaje México, donde montamos un stand del fanzine Picahielo. Al encuentro acudieron las cámaras del Canal 22 y las de Canal 11, cazadoras de lo exótico que pasaron de largo en busca de esos extraños seres ilustrados y perforados. Iban a ver la sangre y la tinta en la piel. Entonces apareció Monsiváis con otras dos personas y se detuvieron discretamente en el stand. Pelo Blanco y Revuelto se puso a hojear las revistas y (gay que nunca salió del clóset) se entusiasmó cuando vio una sección del Colectivo Sol y un artículo sobre Música y Contra Cultura (MCC). Edgar Rivas, uno de los compas con quien editaba este fanzine, es hermano del fallecido Mario Rivas, vocalista de MCC y fundador del colectivo gay pionero en México de la lucha contra el VIH. Me pareció un gesto amable de su parte, detenerse, mostrar interés y comentar la revista. Tuvimos la puntada de invitarlo a colaborar y prometió enviarnos algo. De pronto teníamos a las cámaras de televisión encima, moscas sobre la miel, le cayeron como si fuera una atracción más. Sin proponérselo nos hizo una publicidad impresionante, lo entrevistaban con nuestra manta de fondo y los fanzines entre las manos. Se formó un enjambre de curiosos alrededor y, poco a poco, diría el Rockdrigo, esa bola de gente se lo llevó. Aparentemente se mostraba incómodo con la situación, molesto por la insistencia de las reporteras en sacarle entrevistas, pero nosotros nos sentíamos rayados. Claro, nunca envió colaboración alguna.
Por supuesto, yo ignoraba que diez años después estaría sentado con él tomando café en la Zona Rosa para invitarlo a colaborar a una revista de American Express… esa anécdota la podrán leer en el siguiente número de Replicante, dedicada al periodismo y los periodistas.

No es hacer leña del Monsiváis caído, es ejercitar el músculo de la memoria. Su muerte ha causado todo tipo de enconos, incluso pleitos entre sus santificadores y desmitificadores. También me trajo a cuento dos ocasiones en las que traté con el Don de los Gatos, en ambas me causó distintas impresiones como su personalidad felina y contradictoria.
En 1994 se realizó la primer Expo Tatuaje México, donde montamos un stand del fanzine Picahielo. Al encuentro acudieron las cámaras del Canal 22 y las de Canal 11, cazadoras de lo exótico que pasaron de largo en busca de esos extraños seres ilustrados y perforados. Iban a ver la sangre y la tinta en la piel. Entonces apareció Monsiváis con otras dos personas y se detuvieron discretamente en el stand. Pelo Blanco y Revuelto se puso a hojear las revistas y (gay que nunca salió del clóset) se entusiasmó cuando vio una sección del Colectivo Sol y un artículo sobre Música y Contra Cultura (MCC). Edgar Rivas, uno de los compas con quien editaba este fanzine, es hermano del fallecido Mario Rivas, vocalista de MCC y fundador del colectivo gay pionero en México de la lucha contra el VIH. Me pareció un gesto amable de su parte, detenerse, mostrar interés y comentar la revista. Tuvimos la puntada de invitarlo a colaborar y prometió enviarnos algo. De pronto teníamos a las cámaras de televisión encima, moscas sobre la miel, le cayeron como si fuera una atracción más. Sin proponérselo nos hizo una publicidad impresionante, lo entrevistaban con nuestra manta de fondo y los fanzines entre las manos. Se formó un enjambre de curiosos alrededor y, poco a poco, diría el Rockdrigo, esa bola de gente se lo llevó. Aparentemente se mostraba incómodo con la situación, molesto por la insistencia de las reporteras en sacarle entrevistas, pero nosotros nos sentíamos rayados. Claro, nunca envió colaboración alguna.
Por supuesto, yo ignoraba que diez años después estaría sentado con él tomando café en la Zona Rosa para invitarlo a colaborar a una revista de American Express… esa anécdota la podrán leer en el siguiente número de Replicante, dedicada al periodismo y los periodistas.
Saturday, June 12, 2010
Bicis El Libro
La mejor amiga de la humanidad en un click
Las bicicletas en movimiento estático, suspendidas en las fotografías de este libro, editado y publicado por Fernando de la Orden, son un compendio de escenas que tienen dos ruedas en común.
Bicis El Libro reúne las imágenes de 34 fotógrafos que atraparon a las bicicletas en situaciones cotidianas alrededor del mundo, cada cleta retratada cuenta más de una historia. Diseñado por Mariana Zerman, con prólogo de Raquel Garzón, el registro gráfico durante las últimas tres décadas muestra la versatilidad del genial invento y su belleza funcional.
Es un libro para pasear por sus páginas, entre imágenes a color, blanco y negro, fotoperiodismo, retrato, paisaje, foto deportiva, arte urbano, conceptual, digital, lo único que no hay son imágenes de estudio. Los fotógrafos las encontraron distraídas por ahí, tuvieron que sorprenderlas en algún viaje de trabajo, de placer, o cuando descansaban recargadas en alguna pared. Buscaban tomar la fotografía que revelara la esencia de la bici.
En una vuelta de página las bicicletas adquieren personalidad. Hay bicis solistas y acompañadas, en pareja, reunidas en grupo, ocupadas en diversas situaciones y condiciones, tiradas al ocio o colgadas de un puente. Sin importar dónde, cómo ni cuándo la bici siempre está ahí, esperando a ser montada para llevar a su dueño en un paseo por el campo, en el tráfico citadino, en medio de un fenómeno natural, en un conflicto social, en una competencia deportiva y como medio de trabajo.
En Bicis El Libro parece que las biclas tienen una vida independiente de las personas y también adquieren algo de los humanos. Como las bicis abrazadas al atardecer o las que se reúnen en el parque a matar el tiempo. La magia está en la idea de la bicicleta y en el contexto donde se le encuentra como parte del entorno. Siempre han estado ahí, estamos tan acostumbrados a verlas que no reparamos en su presencia. Bicis veloces, lentas y paradas, otras olvidadas, encadenadas o tras las rejas, unas viejas y cansadas pero siempre serviciales. Bicis nobles, trabajadoras, confiables, van y vienen zigzagueantes. Las que se mueven sí salen en la foto, el movimiento es la razón de su equilibrio.
El fotógrafo bonaerense Fernando de la Orden es ciclista y fotoperiodista desde 1997 para el Diario El Clarín, el Liberation de París y la revista Courrier de Tokio. En 2001 publicó el libro de fotografía Pan y Manteca, en 2004 colaboró en otro ejemplar, Encierro, además de sus exposiciones individuales y colectivas en Argentina. Fue cuando puso el ojo en el significado de la bicicleta e imaginó una herramienta para su difusión como transporte saludable. Así se concibió Bicis El Libro para el cual aportó una decena de imágenes. Al observarlas el paseante puede pensar en todo lo que han pasado esas rilas y lo que representan para sus dueños, singulares pasajeros de la vida en dos ruedas que pueden volar con los pies.
Mostrar el “espíritu” de un objeto cotidiano es el mayor logro de los fotógrafos en Bicis El Libro. A propósito de otro título sobre filosofía de la bicicleta de reciente aparición, La Revolución de las Mariposas, del catalán Oscar Patsí, capturar bicis con una cámara es como atrapar a los lepidópteros con una red. Un vehículo esencial en todos los paisajes urbanos y rurales que se ha ganado su lugar en el mundo aunque no vaya ciclista alguno pedaleando. Ahí está la vieja bici recargada afuera de una casucha de madera, el único medio de transporte y subsistencia de quienes la habitan, con la sensación de que todavía queda algún tipo de esperanza. Su diseño, sus formas y su movimiento, al igual que el arte, embellecen este mundo.
Bicis El Libro. Editado por Fernando de la Orden. Colección Piano Piano. Argentina, Buenos Aires, 2010. Contacto: librobicis@gmail.com y facebook: librobicis
Publicado en Replicante, en su número dedicado al futbol: el lado oscuro del balón.
Las bicicletas en movimiento estático, suspendidas en las fotografías de este libro, editado y publicado por Fernando de la Orden, son un compendio de escenas que tienen dos ruedas en común. Bicis El Libro reúne las imágenes de 34 fotógrafos que atraparon a las bicicletas en situaciones cotidianas alrededor del mundo, cada cleta retratada cuenta más de una historia. Diseñado por Mariana Zerman, con prólogo de Raquel Garzón, el registro gráfico durante las últimas tres décadas muestra la versatilidad del genial invento y su belleza funcional.
Es un libro para pasear por sus páginas, entre imágenes a color, blanco y negro, fotoperiodismo, retrato, paisaje, foto deportiva, arte urbano, conceptual, digital, lo único que no hay son imágenes de estudio. Los fotógrafos las encontraron distraídas por ahí, tuvieron que sorprenderlas en algún viaje de trabajo, de placer, o cuando descansaban recargadas en alguna pared. Buscaban tomar la fotografía que revelara la esencia de la bici.
En una vuelta de página las bicicletas adquieren personalidad. Hay bicis solistas y acompañadas, en pareja, reunidas en grupo, ocupadas en diversas situaciones y condiciones, tiradas al ocio o colgadas de un puente. Sin importar dónde, cómo ni cuándo la bici siempre está ahí, esperando a ser montada para llevar a su dueño en un paseo por el campo, en el tráfico citadino, en medio de un fenómeno natural, en un conflicto social, en una competencia deportiva y como medio de trabajo.
En Bicis El Libro parece que las biclas tienen una vida independiente de las personas y también adquieren algo de los humanos. Como las bicis abrazadas al atardecer o las que se reúnen en el parque a matar el tiempo. La magia está en la idea de la bicicleta y en el contexto donde se le encuentra como parte del entorno. Siempre han estado ahí, estamos tan acostumbrados a verlas que no reparamos en su presencia. Bicis veloces, lentas y paradas, otras olvidadas, encadenadas o tras las rejas, unas viejas y cansadas pero siempre serviciales. Bicis nobles, trabajadoras, confiables, van y vienen zigzagueantes. Las que se mueven sí salen en la foto, el movimiento es la razón de su equilibrio.El fotógrafo bonaerense Fernando de la Orden es ciclista y fotoperiodista desde 1997 para el Diario El Clarín, el Liberation de París y la revista Courrier de Tokio. En 2001 publicó el libro de fotografía Pan y Manteca, en 2004 colaboró en otro ejemplar, Encierro, además de sus exposiciones individuales y colectivas en Argentina. Fue cuando puso el ojo en el significado de la bicicleta e imaginó una herramienta para su difusión como transporte saludable. Así se concibió Bicis El Libro para el cual aportó una decena de imágenes. Al observarlas el paseante puede pensar en todo lo que han pasado esas rilas y lo que representan para sus dueños, singulares pasajeros de la vida en dos ruedas que pueden volar con los pies.
Mostrar el “espíritu” de un objeto cotidiano es el mayor logro de los fotógrafos en Bicis El Libro. A propósito de otro título sobre filosofía de la bicicleta de reciente aparición, La Revolución de las Mariposas, del catalán Oscar Patsí, capturar bicis con una cámara es como atrapar a los lepidópteros con una red. Un vehículo esencial en todos los paisajes urbanos y rurales que se ha ganado su lugar en el mundo aunque no vaya ciclista alguno pedaleando. Ahí está la vieja bici recargada afuera de una casucha de madera, el único medio de transporte y subsistencia de quienes la habitan, con la sensación de que todavía queda algún tipo de esperanza. Su diseño, sus formas y su movimiento, al igual que el arte, embellecen este mundo.Bicis El Libro. Editado por Fernando de la Orden. Colección Piano Piano. Argentina, Buenos Aires, 2010. Contacto: librobicis@gmail.com y facebook: librobicis
Publicado en Replicante, en su número dedicado al futbol: el lado oscuro del balón.
Monday, June 7, 2010
Si Jesucristo caminó en el agua
El ciclista camina en el aire

El ciclismo es una religión. El creyente pedalea con fervor y cuando puede le alza un altar a su bicicleta. El proceso que sucede en su cerebro es una sinapsis en la que se producen endorfinas: adrenalina, serotonina y dopamina, los neurotransmisores responsables de liberarnos del dolor, regular la alegría, la emoción, la tranquilidad y el sueño. Una reacción semejante sucede en el cerebro del creyente religioso cuando va a misa de ocho de la mañana. Cada quien sus métodos. Lo interesante es que el ciclismo también te puede conducir a estados de conciencia alterada y éxtasis místico. La bicicleta es un regalo divino. Si Jesucristo caminó en el agua, el ciclista camina en el aire, como los ángeles.

El ciclismo es una religión. El creyente pedalea con fervor y cuando puede le alza un altar a su bicicleta. El proceso que sucede en su cerebro es una sinapsis en la que se producen endorfinas: adrenalina, serotonina y dopamina, los neurotransmisores responsables de liberarnos del dolor, regular la alegría, la emoción, la tranquilidad y el sueño. Una reacción semejante sucede en el cerebro del creyente religioso cuando va a misa de ocho de la mañana. Cada quien sus métodos. Lo interesante es que el ciclismo también te puede conducir a estados de conciencia alterada y éxtasis místico. La bicicleta es un regalo divino. Si Jesucristo caminó en el agua, el ciclista camina en el aire, como los ángeles.
Saturday, May 22, 2010
Ram Jam
Black Betty
La primera vez que escuché a Ram Jam estaba en quinto de primaria, fue uno de los grupos primarios en mi formación rockera. Una tarde de invierno mi hermano, que iba en sexto, llegó a la casa con el pequeño disco de 45 RPM. Se lo habían regalado en el intercambio escolar.
Nos iniciamos en el rock con unos radios de transistores portátiles, esas cajitas milagrosas que te cabían en la mano, antecesoras del walkman, el discman y el ipod. Como en la canción Rock n roll de Velvet Underground, la magia que salía de la Amplitud Modulada nos capturaba: La Pantera, Radio Éxitos y Radio Capital. El rock pesado era la onda, éramos seguidores de Kiss, Queen, Alice Cooper, Ted Nugent y, luego de escuchar el sencillo Black Betty, también colocamos a Ram Jam entre nuestros favoritos.
No sabíamos que había sido un éxito en Estados Unidos, pero la energía que disparaba ese vinilito girando a gran velocidad nos electrocutó. El sonido raw, ese riff en estado salvaje, el requinto feroz y el fraseo del también guitarrista Bill Bartlett parecen una banda de negros tocando rock grasiento y sudoroso, a pesar de ser tocado por blancos de la censura, señalados porque se consideró que Black Betty era una canción racista. En el Lado B incluía I should have know.
Pasó el tiempo, aquel disquito se perdió, no volvimos a saber de ellos. Por alguna razón de la industria y el mercado sus únicos dos discos no se conseguían. Años después mi hermano se mudó a Miami y se estableció con su familia. Solía visitarlos con frecuencia. En uno de esos viajes entré a una tienda de discos de segunda y hurgando encontré una recopilación llamada The Greatest Rock Performers. La selección es irregular, dispareja para mi gusto (Alannah Myles, Bad English, UFO, John Waite, Stevie Nicks, Uriah Heep, Bonnie Tyler, Bad Company, Meat Loaf, Gary Moore), sin embargo, cuando mis ojos cayeron en la canción 14, Ram Jam – Black Betty, decidí pagar los cuatro dólares.
Esa tarde sorprendí a mi hermano al subirme a su camioneta. Le dije: checa lo que encontré. Metí el cd en el estéreo, seleccioné el track 14 y le subí al volumen. Esto fue lo que escuchamos:
http://www.youtube.com/watch?v=lMLnDuzgkjo
La primera vez que escuché a Ram Jam estaba en quinto de primaria, fue uno de los grupos primarios en mi formación rockera. Una tarde de invierno mi hermano, que iba en sexto, llegó a la casa con el pequeño disco de 45 RPM. Se lo habían regalado en el intercambio escolar.Nos iniciamos en el rock con unos radios de transistores portátiles, esas cajitas milagrosas que te cabían en la mano, antecesoras del walkman, el discman y el ipod. Como en la canción Rock n roll de Velvet Underground, la magia que salía de la Amplitud Modulada nos capturaba: La Pantera, Radio Éxitos y Radio Capital. El rock pesado era la onda, éramos seguidores de Kiss, Queen, Alice Cooper, Ted Nugent y, luego de escuchar el sencillo Black Betty, también colocamos a Ram Jam entre nuestros favoritos.
No sabíamos que había sido un éxito en Estados Unidos, pero la energía que disparaba ese vinilito girando a gran velocidad nos electrocutó. El sonido raw, ese riff en estado salvaje, el requinto feroz y el fraseo del también guitarrista Bill Bartlett parecen una banda de negros tocando rock grasiento y sudoroso, a pesar de ser tocado por blancos de la censura, señalados porque se consideró que Black Betty era una canción racista. En el Lado B incluía I should have know.
Pasó el tiempo, aquel disquito se perdió, no volvimos a saber de ellos. Por alguna razón de la industria y el mercado sus únicos dos discos no se conseguían. Años después mi hermano se mudó a Miami y se estableció con su familia. Solía visitarlos con frecuencia. En uno de esos viajes entré a una tienda de discos de segunda y hurgando encontré una recopilación llamada The Greatest Rock Performers. La selección es irregular, dispareja para mi gusto (Alannah Myles, Bad English, UFO, John Waite, Stevie Nicks, Uriah Heep, Bonnie Tyler, Bad Company, Meat Loaf, Gary Moore), sin embargo, cuando mis ojos cayeron en la canción 14, Ram Jam – Black Betty, decidí pagar los cuatro dólares.Esa tarde sorprendí a mi hermano al subirme a su camioneta. Le dije: checa lo que encontré. Metí el cd en el estéreo, seleccioné el track 14 y le subí al volumen. Esto fue lo que escuchamos:
http://www.youtube.com/watch?v=lMLnDuzgkjo
Saturday, May 15, 2010
Skunk
La nueva yerba que modifica el viejo hábito
El fumador de cannabis en México está cambiando a la yerba hidropónica que desplaza a las especies naturales y modifica el viejo hábito de la pacheca.
Los humanos y los animales somos seres de costumbres, una alteración en ellas basta para que la vida empiece a cambiar. ¿Qué consumimos y cómo lo consumimos?, ¿cuáles son sus efectos en el organismo y en la conducta? Basta pensar en las formas actuales de alimentarnos, informarnos, entretenernos y comunicarnos cada día: los alimentos light, los transgénicos y los enlatados, la comida rápida, el microondas y el servicio a domicilio, los complementos nutrimentales, las bebidas energéticas, las computadoras personales, Internet (el medio de medios), los diarios, los libros y las revistas electrónicas, la música en MP3, la televisión y la radio en la Red, los video juegos, el correo electrónico, el Messenger y el Skype, los teléfonos celulares, los gadgets multifunciones y las redes sociales. El entorno nos exige adaptarnos para funcionar, nada es como estábamos acostumbrados. Las sustancias no están exentas de este proceso y las formas de colocarnos tampoco.
Según datos recientes de la ONU, se calcula que 190 millones de personas fuman cannabis en el mundo. En el caso de México, la cadena que integra el mercado está cambiando a la skunk, desde el productor hasta el consumidor: los métodos de cultivo, la calidad del producto, su distribución, el precio y la manera de fumarla (horarios, cantidades, frecuencia). Si cambia la yerba, también el fumador. Cambia su conducta para seguir fumando lo que encuentra en el mercado. No es un hábito que reemplaza a otro, como suele suceder, sino de un sofisticado viejo hábito.
Skunk es una yerba híbrida que se obtiene de la combinación y manipulación de las semillas sativa e índica. Desde los años setenta se cultiva en invernaderos hidropónicos, donde se le adicionan diversos nutrientes y motivadores químicos para acentuar sus efectos. A partir de ella se crean nuevos tipos de semillas y plantas más potentes que sus antecesoras. La Skunk #1 es la madre de los cientos de variantes que se encuentran en las coffee shops de Ámsterdam con nombres exóticos o claves numéricas para distinguirlas. Se trata de una yerba transgénica, tiene un aspecto saludable, colorida, esponjada y brillante por los cristales de resina. Su aroma, su sabor y los síntomas también son diferentes. Se vende y se consume en pequeñas cantidades cuyo precio es tan elevado como sus efectos: 400 pesos la bolsita de 5 gramos, lo cual explica su demanda entre las clases media y alta.
La skunk tiene fama por su potencia. En sus flores contiene concentraciones de tetrahidrocannabinol (THC) hasta cinco veces mayores que la natural. Esto le viene bien al fumador, que siempre está en busca del colocón total. Dos jalones surten el mismo efecto que fumarse un gallo completo de sativa. Llega a ser tan potente que suele discapacitar al abusivo y al distraído, dejándolos pasmados. Por este motivo el fumador reduce su consumo una vez al día (ya no mañanero, digestivo y dormilón), en pequeña cantidad, generalmente por la noche, cuando puede entregarse al estado de conciencia sin preocupación. Y por eso disminuye la demanda de sativa como yerba para fumar, nadie la desea si hay skunk y los dílers, como solía decirse, ya no la manejan.
Entre los argumentos que esgrime el fumador en su favor está el hecho irrefutable de que “es natural, broder, menos nociva”, lo cual es parcialmente cierto si se toman en cuenta los agentes cancerígenos que contiene la yerba. Además, la skunk no es 100% natural. Como ocurre con los ácidos, se diseñan yerbas con efectos acentuados, depende de cómo se quiera poner el fumador: eufórico, relajado, filósofo, risueño, cachondo, y el descontón final, generalmente gana por knock out. Un escenario previsto por Jeff Noon en su novela Vurt, este futuro donde las personas pueden ir a comprar las sustancias a la tienda. Son plumas de colores, cada pluma es un viaje a un mundo distinto. Y la gente puede entrar y salir de esos mundos o permanecer y perderse en ellos para siempre.
La skunk es una consecuencia de la guerra contra el narco. Para el productor y el distribuidor la yerba hidropónica resuelve problemas logísticos. Se han adaptado a la guerra contra el gobierno de Calderón, la nueva yerba es una de sus ofensivas. Las extensiones de tierra alejadas e inaccesibles donde tienen que sembrar la planta se han reducido a pequeños espacios ocultos en sótanos y bodegas. Ya no es una cuestión de trabajar la tierra, sembrar, esperar, cosechar, curar la yerba, empacarla, almacenarla, transportarla, distribuirla. Ahora se montan invernaderos con sistemas de iluminación, riego, medición y ventilación, donde crece más rápido, fortalecida con toda clase de aditivos. Con los conocimientos de la hidroponia cualquier persona puede instalar el equipo básico en un rincón de su casa y volverse autosuficiente. Internet está lleno de sitios donde se compra el equipo necesario y las codiciadas semillas.
Actualmente la skunk se encuentra en el ojo del debate sobre la despenalización en varios países europeos debido a los supuestos efectos a mediano y largo plazos de su consumo crónico. La discusión dio un giro a favor de los prohibicionistas al publicarse las recientes investigaciones del Dr. John McGrath, del Instituto Cerebral de Queensland, quien siguió a un grupo de control de 3, 800 personas durante 21 años. McGrath estudió el uso que hacían de la yerba. Los resultados mostraron que un 14% fumó cannabis durante seis años o más, particularmente skunk, y presentaron el doble de propensión a sufrir episodios sicóticos. ¿Será?
Fumar o no fumar, una decisión personal. Dicen que la peor yerba es la que no hay.
* Publicado en Replicante, en el reciente número sobre Las Drogas y la Cultura.
Los humanos y los animales somos seres de costumbres, una alteración en ellas basta para que la vida empiece a cambiar. ¿Qué consumimos y cómo lo consumimos?, ¿cuáles son sus efectos en el organismo y en la conducta? Basta pensar en las formas actuales de alimentarnos, informarnos, entretenernos y comunicarnos cada día: los alimentos light, los transgénicos y los enlatados, la comida rápida, el microondas y el servicio a domicilio, los complementos nutrimentales, las bebidas energéticas, las computadoras personales, Internet (el medio de medios), los diarios, los libros y las revistas electrónicas, la música en MP3, la televisión y la radio en la Red, los video juegos, el correo electrónico, el Messenger y el Skype, los teléfonos celulares, los gadgets multifunciones y las redes sociales. El entorno nos exige adaptarnos para funcionar, nada es como estábamos acostumbrados. Las sustancias no están exentas de este proceso y las formas de colocarnos tampoco.
Según datos recientes de la ONU, se calcula que 190 millones de personas fuman cannabis en el mundo. En el caso de México, la cadena que integra el mercado está cambiando a la skunk, desde el productor hasta el consumidor: los métodos de cultivo, la calidad del producto, su distribución, el precio y la manera de fumarla (horarios, cantidades, frecuencia). Si cambia la yerba, también el fumador. Cambia su conducta para seguir fumando lo que encuentra en el mercado. No es un hábito que reemplaza a otro, como suele suceder, sino de un sofisticado viejo hábito.
Skunk es una yerba híbrida que se obtiene de la combinación y manipulación de las semillas sativa e índica. Desde los años setenta se cultiva en invernaderos hidropónicos, donde se le adicionan diversos nutrientes y motivadores químicos para acentuar sus efectos. A partir de ella se crean nuevos tipos de semillas y plantas más potentes que sus antecesoras. La Skunk #1 es la madre de los cientos de variantes que se encuentran en las coffee shops de Ámsterdam con nombres exóticos o claves numéricas para distinguirlas. Se trata de una yerba transgénica, tiene un aspecto saludable, colorida, esponjada y brillante por los cristales de resina. Su aroma, su sabor y los síntomas también son diferentes. Se vende y se consume en pequeñas cantidades cuyo precio es tan elevado como sus efectos: 400 pesos la bolsita de 5 gramos, lo cual explica su demanda entre las clases media y alta.La skunk tiene fama por su potencia. En sus flores contiene concentraciones de tetrahidrocannabinol (THC) hasta cinco veces mayores que la natural. Esto le viene bien al fumador, que siempre está en busca del colocón total. Dos jalones surten el mismo efecto que fumarse un gallo completo de sativa. Llega a ser tan potente que suele discapacitar al abusivo y al distraído, dejándolos pasmados. Por este motivo el fumador reduce su consumo una vez al día (ya no mañanero, digestivo y dormilón), en pequeña cantidad, generalmente por la noche, cuando puede entregarse al estado de conciencia sin preocupación. Y por eso disminuye la demanda de sativa como yerba para fumar, nadie la desea si hay skunk y los dílers, como solía decirse, ya no la manejan.
La skunk es una consecuencia de la guerra contra el narco. Para el productor y el distribuidor la yerba hidropónica resuelve problemas logísticos. Se han adaptado a la guerra contra el gobierno de Calderón, la nueva yerba es una de sus ofensivas. Las extensiones de tierra alejadas e inaccesibles donde tienen que sembrar la planta se han reducido a pequeños espacios ocultos en sótanos y bodegas. Ya no es una cuestión de trabajar la tierra, sembrar, esperar, cosechar, curar la yerba, empacarla, almacenarla, transportarla, distribuirla. Ahora se montan invernaderos con sistemas de iluminación, riego, medición y ventilación, donde crece más rápido, fortalecida con toda clase de aditivos. Con los conocimientos de la hidroponia cualquier persona puede instalar el equipo básico en un rincón de su casa y volverse autosuficiente. Internet está lleno de sitios donde se compra el equipo necesario y las codiciadas semillas.
Actualmente la skunk se encuentra en el ojo del debate sobre la despenalización en varios países europeos debido a los supuestos efectos a mediano y largo plazos de su consumo crónico. La discusión dio un giro a favor de los prohibicionistas al publicarse las recientes investigaciones del Dr. John McGrath, del Instituto Cerebral de Queensland, quien siguió a un grupo de control de 3, 800 personas durante 21 años. McGrath estudió el uso que hacían de la yerba. Los resultados mostraron que un 14% fumó cannabis durante seis años o más, particularmente skunk, y presentaron el doble de propensión a sufrir episodios sicóticos. ¿Será?Fumar o no fumar, una decisión personal. Dicen que la peor yerba es la que no hay.
* Publicado en Replicante, en el reciente número sobre Las Drogas y la Cultura.
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