
Como si no tuviéramos suficiente con el fervor fridólatra del aparato cultural y la mercadotecnia que han convertido a la pintora en una artesanía de México para el mundo, la fridomanía ha trastocado con su frivolidad uno de los objetos más representativos del siglo XX: los tenis Converse, que este 2008 cumplen cien años.


Me interesan los tenis de Frida como objeto de observación porque lo primero que veo en una persona son sus zapatos: el tipo, el color, el cuidado que se les procura… apartir de ellos empiezo a formarme una idea. Como todos sabemos, el tenis es el calzado del movimiento y la acción, son alas para los pies con tres atributos esenciales: comodidad, rapidez y agilidad. Considero que una persona que usa tenis es práctica y dinámica, prefiere la funcionalidad y la comodidad sobre la apariencia y la formalidad. Por lo mismo me parece que se ocupa del fondo de las cosas y no tanto de la forma. Podríamos mencionar marcas y modelos de tenis famosos, pero Converse es El Tenis Universal que ha caminado con el ser humano desde 1908.

A cien años de distancia estos tenis han calzado a varias generaciones. No sólo eran los favoritos de los deportistas (era el zapato oficial de la NBA, el basketbolista Charles H. Chuck Taylor fue su spokeman durante más de 20 años), también lo han sido de millones de adolescentes y jóvenes energéticos, estudiantes inquietos, juventudes rebeldes, rocanroleros de todas las épocas, ladrones y gente de la calle, artistas y freaks, escritores y aventureros, padres e hijos, a todos les quedan bien los Converse por su versatilidad y disponibilidad, siempre suaves, ligeros y resistentes. Su popularidad se debe en parte a que son los tenis más accesibles, siempre alcanza para un par de Converse, parafraseando a Kahlo y Co., son los tenis de la clase trabajadora. Por si eso fuera poco, van bien con cualquier cosa, desde bermudas y jeans hasta el traje o un smoking.

Ponerse los Converse de Frida no es cualquier cosa, sino caminar “in”, con orgullo neonacionalista y aparente corrección política, con estilo “artístico” y distinción pseudo intelectual, exhibiendo una frivolidad ilimitada. Por cierto que los tenis decorados no son nuevos, Vans los ha hecho desde hace muchos años y recientemente fundó un “Programa de Artistas” en el que participan pintores y grabadores mexicanos que radican en los Estados Unidos, como Artemio Cruz, Pooch y Tatiana, quienes realizaron unos diseños para tenis y una publicidad fuera de serie con el tema de la muerte en México. Es decir, los de Frida no son tan originales como se cree.

Y EL ARTE ANDA POR LOS SUELOS
En 2001, Converse se declaró en quiebra y fue adquirida por Nike. ¿Cuánto habrá pagado esta empresa a los dueños de la marca Frida para sacar al mercado un producto “cool”, como lo definiría Naomi Klein al escribir sobre Nike en su citado No Logo? Imaginemos por un segundo… ¡$! Esa transacción Converse-Frida convirtió a los tenis más populares del mundo en un artículo caprichoso de lujo. Y a los comunistas fans de Frida en consumistas de tarjetazo a seis meses sin intereses. Pero sobre todo contribuyó a la banalización del arte. El de Frida quedó por los suelos.
