Sentí miedo cuando leí en el periódico que el gobierno federal estaba tramando aplicar el antidoping a los niños en las primarias y secundarias del país. Pensé en el Estado Policial que ahora pretende meterse en las personas para buscar evidencia incriminatoria con el cuento de la detección, la prevención y atención de los niños. Es decir, el Estado nos quiere perseguir dentro de nosotros mismos, valga la redundancia. Si ya en muchas empresas lo aplican (como el discriminatorio no-tatuajes o el no-homosexuales), a este paso en poco tiempo vamos a tener que llevar en la cartera una Tarjeta de Control Aantidoping que deberemos renovar cada tres meses, previo pago y antidoping en las clínicas del IMSS. La medida resultó tan pero tan estúpida que hasta las asociaciones de padres de familia pusieron el grito en el cielo. Al día siguiente, las autoridades corrigieron, lo que el presidente Calderón en realidad había querido decir es que…
Dos cosas me sacaron mucho de onda:
a) Nadie, hasta donde pude leer y ver en las noticias, consideró si quiera la posibilidad de preguntarle primero a los niños qué pensaban al respecto. Y eso que estamos en plena campaña por los derechos de los niños.
b) La declaración de Gilberto Rincón Gallardo, ex candidato presidencial por el Partido Democracia Social. El célebre luchador social, activista y número uno en interceder por los discapacitados, los homosexuales, los oprimidos y todas las minorías posibles e imposibles, declaró tranquilamente que él no veía ninguna violación a los derechos humanos en esta medida.
Qué bueno que no voté por él.

Rincón Gallardo, a favor de que el Estado se meta en nuestros cuerpos.