Tuesday, September 4, 2007

Black Sabbath: Mi nombre es Metal



10, 9, 8, 7, 6, 6, 6…
Jueves 30 de agosto, la noche de un día sombrío y lluvioso, el clima que anunciaba el paso de Black Sabbath por el Auditorio Nacional. La hora del aquelarre sónico estaba marcada a las 8:30, las manecillas del reloj giraban al revés para el encuentro con la madre del rock maligno, la banda que liberó a los demonios del heavy metal y a toda la jauría de rockeros infernales.

Heaven & Hell 07.

6, 6, 6, 5, 4, 3, 2, 1:
La luz desapareció cuando empezaba a sonar “E5150” y nos quedamos en tinieblas. De pronto, un estruendo partió el cielo en dos y desgarró nuestros oídos, eran la guitarra distorsionada y el grito inicial de “Mob Rules”. Black Sabbath empezó a tocar y una legión de diablos eléctricos salió volando de los amplificadores para tomar por asalto el lugar. Tras poner a prueba las paredes del recinto procedieron a ejecutar “Children of the Sea”, con la que inició formalmente la ceremonia. El siniestro Tony Iommi, perteneciente al círculo de guitarristas zurdos que tienen algún pacto con el Preciso, dejaba correr la sangre azul por sus cables en cada riff y en cada requinto, un estilo sin resquicios ni fisuras. Sus manos portan la leyenda de tener el sonido de las fábricas acereras tallado en la punta de los dedos. Siempre serio, con su piocha de sátiro y sus gafas, iba de impecable negro con su cruz protectora al pecho: todo un lord del black metal. A partir de ese momento quedamos enganchados en los cuernos de su guitarra Gibson.

Tony Iommi: todo un lord del black metal.

Los Caballeros de Neón
Liberaron versiones intensas y extensas de “I” , “The Sign of the Southern Cross” y “Voodoo”. Un rock épico que parecía cabalgar ensordecedor con la voz de Dio al frente. En medio de aquel volumen, toneladas de piedra y hierro en marcha, el pequeño cantante encarnó cada canción con la contundencia de un profeta que maldice a la humanidad. “Computer God”, “Falling Off the Edge of the World” y “Die Young”, el ritual se cumplía de acuerdo con la tradición metalera, los grandes solos de guitarra y batería, los coros del público dirigidos por el vocalista y las manos en alto con la auténtica señal. Nada nuevo, salvo que esta banda fue inventora y no imitadora. Black Sabbath desarrolló el concepto musical del heavy metal, le dio un tema y el sentido oculto.

DIO: pequeño en persona, gigante de voz.

Esto ocupaba mi mente cuando Iommi cambió de guitarra. Se colgó otra Gibson oscura que parecía un instrumento hechizo por lo vieja y por los fierros que manipulaba al tocarla (semejante a los aparatos que utiliza el investigador de La Leyenda del Jinete sin Cabeza). Entonces iniciaron la monumental “Heaven & Hell”, una sinfonía metálica que retumbó sobre las inmensas pisadas que daba el bajo de Geezer Butler, brujo barbado que sacudía con furia el instrumento tratando de domar a la bestia suelta en el escenario. Las figuras del bajo eran seguidas y rematadas por Vinny Appice, un baterista de mil batallas que no ha querido ocupar el lugar que dejó Bill Ward, en vez de eso ha creado uno propio y desde su sitio martillaba cinceles en cada golpe, pesado hasta la siguiente vida.

Geezer The Wizard: ¡Dios mío, he creado un monstruo!

Después de la nueva “Shadow of the Wind” cerraron con “Neon Knights”, veloz como un meteoro al rojo vivo: “Can’t remember when we came so close to love before”, cantada bajo una tormenta de rayos mercuriales que caían formando una pirámide sobre ellos. Esta alineación es una fábrica de sonido que ha envejecido con vitalidad musical y discreción personal. A diferencia de los rudos que terminan tocando baladas aguadas, de los rockstars berrinchudos e impuntuales o del mismísimo Ozzy, quien chochea bien en su disco Black Rain por el acompañamiento que trae pero no deja de ser un triste payaso, esta versión fina y reservada de Black Sabbath conserva un sonido y una actitud de acero que no se dobla ni se pandea: son duros y potentes, oscuros y alucinantes, por los siglos de los siglos.

13 comments:

Metrópolis said...

Como te dije anteriormente...Que envidia pelado!!!

EL GUARDIÁN said...

Jajajaja!!!! Bien, papá! Muy bien!
Qué chida reseña! Oscura, poderosa, no podría ser de otra forma.
Qué chingón! Todo un honor compartir en vivo la música que nos llamó desde un principio...
Yeah!

Paul Medrano said...

Chale, qué pinche envidia. Es lo malo de vivir hasta acá :(

paulina said...

ah! buenísima la reseña. qué chido!
saludos,
pb

Maquiavèlica Zombie said...

te gusta el metal???????tan serio q te ves¡¡¡¡¡¡¡q bueno q lo disfrutas besos
te has desaparecido:(

Gimena Garza said...

Recórcholis!!! a mi no me gusta el heavy pero tu estilo es muy intenso: engancha.

Muchas imágenes... a-l-u-c-i-n-a-n-t-e...

Me super encantó lo de "pacto con el Preciso" jamás había escuchado que le llamaran así.

polvo de menta said...

AAAAaaaaaaaaaaaaaaaah que re contra chingon!

checo_motoneta said...

ourales no pues si estubo bien black el toquin y se ve que estubo tronador con estos huesos duros de roer del rockk,,melate tambien black sabath no he esuchado todo de ellos..pero si se ve que hacen simbrar el cielo para abrii el averno desde ahi...si transmiten tus reseñas

hey las fotos..la del df..neta que asi estaba el cielo ese dia medio raro (llamese smog o calentamiento global) pero gracias contamination..no use filtro..y la otra tampoco use filtro fue una digital y con un movimiento de mano calculado,,y igual y la movio el PRECISO

MUSSA-HUMBERTA said...

¡¡¡¡¡¡Yeahhh!!!!!!
See, usted es dichoso, putos Black Sabbath, me traen recuerdos chingosotes.

Su escrito transmite el poder del aquelarre sónico, como dice.

Bisous.

Berenoise said...

yey!!!

que envidiaa!

-moody bastard- said...

Pss acá saludandote carnaval, soy compañero de trabajo de Alex Cisneros y ps si me he echado dos tres clavados a tu blog pero hasta ahorita tuve chance de ponerte un reply....chidas letras.

Saludos desde Meryland (Mérida YucataMMM)

Ciao

Hamlet said...

No puedo concebir a Black Sabbath sin Ozzy (en sus buenos tiempos), y sin Bill Ward. No digo que sean un fraude, me imagino que ha de haber sido un gran concierto de metal, pero no es lo mismo hoy que hace unos 30 años.

Pero en fin, que bueno que disfrutaste este concierto. Saludos.

El Homo Rodans said...

es usté rete afortunado. me gustó la estructura del relato, hizo que por un segundo me gustara la música de esta emblemática banda, que con toda franqueza apreciaba sus trabajos de jovencitos.

la memoria me falla y no sé si en algun post anterior le exprese el inmenso respeto que le tengo a los textos suyos, de usté, que ha tenido a bien aparecer en diversas publicaciones. maestrazo: mis respetos, da gusto mantener contacto con usté a travéz de la blogosfera.

le dejo una caravana respetuosa desde la nublada huaxteca hidalguense, al son de un huapango y un curado de jobo.

salud y larga vida zig zageante!