
Este es un ejemplo de cómo el consumidor se beneficia cuando existe la competencia entre las marcas y tienen que desarrollar productos. Creo que el mayor beneficio de lo que entra a mi organismo no es el sabor, sino el efecto, el estado en el que te coloca. Esto aplica para todo lo que comes, bebes, fumas, respiras, chupas, tragas y masticas. Al respecto de la relación sabor-efecto, una política para meterme algo es: mientras más pinche saben las cosas, mejor te ponen. El beneficio interno es mayor (siempre que no se trate de algo en descomposición). Y la Pepsi Kick no es la excepción. En este sentido, es un estupendo producto: azúcar + cafeína + ginseng = buen coctel para sentarse a trabajar a deshoras.

En medio de la guerra de las colas, en mi caso esta batalla ha sido ganada por Pepsi. Mientras Coca pone en el mercado un refresquito light vestido de bebida reventada para no engordar (lo que engorda no es el refresco, sino la pereza), Pepsi sale con una patada que sí pone chingón y te mantiene despierto. Habrá quien prefiera un Red Bull, lo cual no discuto (cumple la norma: sabe a madres y pone bien), salvo por el precio. Se cotiza como si fuera ilegal. En cambio, la Pepsi Kick mantiene su precio amistoso de introducción, si empezara a subir igual lo pagaría.
* El título de este post se me ocurrió hace más de diez años, cuando un laboratorio planeaba el lanzamiento de una bebida energética llamada Plusss. Era el concepto de la campaña de lanzamiento, por supuesto que nunca lo aceptaron. Y el producto jamás se lanzó. Pocos años después Coca-Cola puso a prueba el primer Beat y terminó vendiéndose en farmacias, lo sacaron del mercado para relanzarlo como refresco y ahora que lo recuerdo no lo he vuelto a ver, ¿aún existe? El caso es que me quedé con las ganas de hacer esa campaña y hace unos cinco años el chocolate Carlos V salió con la campaña Tanta energía debería ser ilegal.