25 años de punk, arte corporal y yoga
Bajo la tierra: el tutti

Diverso, atronador, oscuro, alucinante, el Tutti era un refugio para los prófugos urbanos y recinto favorito de los asiduos al underground. Un hoyo fonqui de tres estrellas. Jamás hubo un letrero, dar con su portón negro tras el cual se realizaban aquelarres inenarrables podía ser una travesía tipo The Warriors de Walter Hill. Su publicidad era de boca en boca y siempre era el inicio de una historia: en algún lugar de La Lindavista… Sin cover, sin derecho de admisión ni código de vestimenta, sin consumo mínimo, al Tutti entraba todo aquel que lograra llegar sin importar su condición física, moral o social. La experiencia era adictiva porque la mejor sustancia para este DJ siempre ha sido la música: garage, psycho, hard core, straightedge, dark, rockabilly, noise, grunge, cyber; música “alternativa”, antes de que la mercadotecnia de la revista Spin la llamara así.
Al principio era el hogar de grupos hard core como Atoxxxico y Massacre 68, por lo que su pequeña pista pronto se convirtió en paso obligado para Santa Sabina, Café Tacuba, Caifanes y bandas del espacio exterior tipo The Ultra5, The Monomen, The Bayou Pigs y The Hellbillys… En otra dimensión del reventón, el Tutti era una esquina libertaria donde circulaba material interesante. Entre la pintura sicodélica, su barra con fondo de espejo, el Pinball, el ojo gigante que parpadeaba con pupila de estrobo y sus maniquíes plateados que salían de las paredes, en su interior también corrían ideas y propaganda anarquista, derechos de los pueblos indígenas, libertad para los presos políticos, diversidad sexual, derechos de los animales y todo tipo de movidas marginales, sin olvidar los tatuajes del Piraña. Luego del temblor, la configuración del mapa rockero en el D.F. quedó conformado por L.U.C.C. y Rockotitlán al sur, Rockstock y Bar 9 al centro y el Tutti Frutti al norte. En 1992 la pareja y la comunidad tuvieron que dejar el lugar y el DJ se convirtió en una entidad musical nómada, Wakantanka, que mutó en el radio, el Club X, el Ritual del Perro y la Iguana Azul.
Bajo la piel: el piercing

Por entonces, Wakantanka iniciaba otra aventura igualmente apasionante, su unión con la periodista y empresaria Karem Martínez, propietaria de Evolution Tattoo, editora y colaboradora de medios impresos. Juntos escribieron y publicaron Perforaciones Corporales, Ritos, Tradición, Moda y Dolor, un libro que permitió romper el hielo sobre el puntiagudo tema en estas comarcas y documentar el origen, la historia y el significado de las perforaciones en las distintas culturas del orbe. Poco después, en el 2002, apareció la revista TatuARTE en la Piel, primera publicación nacional dedicada al tatuaje que hoy alcanza su edición número 104, siempre dirigida y editada por la singular pareja que asistía a todo tipo de convenciones. Dieron pláticas y entrevistas en foros y medios, han sido difusores de las artes corporales, las prácticas de higiene, la legislación sobre dichas prácticas y los derechos de las personas tatuadas y perforadas que padecen discriminación. Hoy mantienen una relación como equipo de trabajo, pura tinta editorial.
Bajo el espíritu: el dharma

Curiosa la relación que combina el arte corporal con la meditación y el yoga, Wakantanka y Salinas, maestra de Hatha y Asthanga, conectan el exterior con el interior, los integran en una bella cicatriz. Se trata de la corriente Dharma Punx, iniciada por Noah Levine en los Estados Unidos, quien buscaba otras maneras de canalizar su actitud. Así cambió el raw rock y el pogo dance por el budismo. Ahora es maestro, autor de los libros Dharma Punx y Against the Stream, la meditación vista como arma subversiva.
Clavado en el número 28 de la calle Yucatán, en la Roma, en esta nueva incursión de Wakantanka hay espacios para tatuajes, delineados, perforaciones, suspensiones, escarificaciones en armonía con yoga, meditación, masajes, piedras calientes, reiki, acupuntura, lecturas y discusiones, además del grupo “Rebeldes Espirituales”, buscadores de la paz interna. El lugar para ilustrarse corporal y/o espiritualmente.
* Publicado en Milenio Diario.