Sunday, February 27, 2011

Wakantanka

25 años de punk, arte corporal y yoga

Desde el mítico bar Tutti Frutti en los ochenta hasta la introducción de las perforaciones corporales en México, Wakantanka ha sido lo que hoy se dice un “creador de tendencias”. Veinticinco años después, una historia llena de rock, dolor y búsqueda, abrió el primer estudio de Body Art & Yoga.

Bajo la tierra: el tutti

Cuando la Ciudad de México cayó en el 85 por el sismo, slam tectónico que dejó una cicatriz nacional, de sus ruinas surgió un pequeño antro donde ponían vinilos de rock subterráneo y servían bebidas para revivir a los muertos, como la célebre Araña Verde con su veneno dulce y frío. Oculto en el ático del Apache 14, un inocente restaurante de carnes y quesos, el bar era regentado por el DJ Danny y su cómplice Brisa Vázquez, quien preparaba las pócimas tras la barra con esas manos encantadas que años después tunden los tambores tras la batería de Los Esquizitos.
Diverso, atronador, oscuro, alucinante, el Tutti era un refugio para los prófugos urbanos y recinto favorito de los asiduos al underground. Un hoyo fonqui de tres estrellas. Jamás hubo un letrero, dar con su portón negro tras el cual se realizaban aquelarres inenarrables podía ser una travesía tipo The Warriors de Walter Hill. Su publicidad era de boca en boca y siempre era el inicio de una historia: en algún lugar de La Lindavista… Sin cover, sin derecho de admisión ni código de vestimenta, sin consumo mínimo, al Tutti entraba todo aquel que lograra llegar sin importar su condición física, moral o social. La experiencia era adictiva porque la mejor sustancia para este DJ siempre ha sido la música: garage, psycho, hard core, straightedge, dark, rockabilly, noise, grunge, cyber; música “alternativa”, antes de que la mercadotecnia de la revista Spin la llamara así.
Al principio era el hogar de grupos hard core como Atoxxxico y Massacre 68, por lo que su pequeña pista pronto se convirtió en paso obligado para Santa Sabina, Café Tacuba, Caifanes y bandas del espacio exterior tipo The Ultra5, The Monomen, The Bayou Pigs y The Hellbillys… En otra dimensión del reventón, el Tutti era una esquina libertaria donde circulaba material interesante. Entre la pintura sicodélica, su barra con fondo de espejo, el Pinball, el ojo gigante que parpadeaba con pupila de estrobo y sus maniquíes plateados que salían de las paredes, en su interior también corrían ideas y propaganda anarquista, derechos de los pueblos indígenas, libertad para los presos políticos, diversidad sexual, derechos de los animales y todo tipo de movidas marginales, sin olvidar los tatuajes del Piraña. Luego del temblor, la configuración del mapa rockero en el D.F. quedó conformado por L.U.C.C. y Rockotitlán al sur, Rockstock y Bar 9 al centro y el Tutti Frutti al norte. En 1992 la pareja y la comunidad tuvieron que dejar el lugar y el DJ se convirtió en una entidad musical nómada, Wakantanka, que mutó en el radio, el Club X, el Ritual del Perro y la Iguana Azul.

Bajo la piel: el piercing

Mientras aquello sucedía, el díler musical de la Avenida Politécnico Nacional se ilustraba sobre tatuajes, perforaciones y otras artes dérmicas del mundo primitivo. Estudió y tomó cursos, dichas artes las venía practicando en su piel desde 1980 y empezó a perforar en distintos espacios citadinos antes de abrir, en 1994, el primer estudio certificado por la Association of Profesional Piercings (APP) sobre Insurgentes Sur: Wakantanka Body Piercing. Desde ahí coorganizó las primeras nueve convenciones de tatuajes y perforaciones en el D.F., que congregaron a miles de freaks de diversas latitudes para compartir experiencias, tinta y dolor.
Por entonces, Wakantanka iniciaba otra aventura igualmente apasionante, su unión con la periodista y empresaria Karem Martínez, propietaria de Evolution Tattoo, editora y colaboradora de medios impresos. Juntos escribieron y publicaron Perforaciones Corporales, Ritos, Tradición, Moda y Dolor, un libro que permitió romper el hielo sobre el puntiagudo tema en estas comarcas y documentar el origen, la historia y el significado de las perforaciones en las distintas culturas del orbe. Poco después, en el 2002, apareció la revista TatuARTE en la Piel, primera publicación nacional dedicada al tatuaje que hoy alcanza su edición número 104, siempre dirigida y editada por la singular pareja que asistía a todo tipo de convenciones. Dieron pláticas y entrevistas en foros y medios, han sido difusores de las artes corporales, las prácticas de higiene, la legislación sobre dichas prácticas y los derechos de las personas tatuadas y perforadas que padecen discriminación. Hoy mantienen una relación como equipo de trabajo, pura tinta editorial.

Bajo el espíritu: el dharma

Aquella travesía de búsqueda que inició en Bélgica a principio de los ochenta que lo llevó a rolar antes de embarcarse hacia estas tierras surrealistas, intoxicado por la belleza mexicana y el zumbido del punk rock y las máquinas de tatuar, continuó por los inesperados caminos del yoga y la meditación. Renuente al principio (“cosa de hippies y new ages”), al finalizar la primera sesión sintió que se reencontraba después de todos esos años. Así que en 2010, luego de recibir el premio President´s Award que le otorgó la APP, inició una ruta inexplorada por acá, acompañado de su pareja Vianey Salinas, actriz, gimnasta y bailarina: el estudio Wakantanka Body Art & Yoga.
Curiosa la relación que combina el arte corporal con la meditación y el yoga, Wakantanka y Salinas, maestra de Hatha y Asthanga, conectan el exterior con el interior, los integran en una bella cicatriz. Se trata de la corriente Dharma Punx, iniciada por Noah Levine en los Estados Unidos, quien buscaba otras maneras de canalizar su actitud. Así cambió el raw rock y el pogo dance por el budismo. Ahora es maestro, autor de los libros Dharma Punx y Against the Stream, la meditación vista como arma subversiva.
Clavado en el número 28 de la calle Yucatán, en la Roma, en esta nueva incursión de Wakantanka hay espacios para tatuajes, delineados, perforaciones, suspensiones, escarificaciones en armonía con yoga, meditación, masajes, piedras calientes, reiki, acupuntura, lecturas y discusiones, además del grupo “Rebeldes Espirituales”, buscadores de la paz interna. El lugar para ilustrarse corporal y/o espiritualmente.

* Publicado en Milenio Diario.

4 comments:

Shock said...

Muy buen texto, siempre he creído que debería escribirse un libro sobre esta parte musical desconocida de México.
A mí no me tocó toda esa parte del Tutti Frutti, yo conocí al Danny Wakantanka por el Ernesto Fuzz que a veces lo invitaba a poner música al Fuzz On cuando traía bandas.
¿En serio vinieron The Bayou Pigs y The Hellbillys a México? Yo sólo había leído sobre la visita de The Ultra 5 que grabaron un vinil aquí y a los Mono Men pero no sabía nada sobre las 2 primeras bandas.

rogelio said...

Cómo no, mi estimado Shock, el buen Ernesto de Dark Zone y Fuzz On, desde hace años maneja bandas de garage que seguramente conoces.
Y sí, esas bandas las trajo el Danny, olvidé mencionar a los Tommyknockers...

Un saludo!

Eduardo Landeros said...

Inolvidable el Tutti, me acuerdo de una bebida verde creo k c llamaba chapulines k t ponian a brincar ,Gran antro

Eduardo Landeros said...

Inolvidable el Tutti, me acuerdo de una bebida verde creo k c llamaba chapulines k t ponian a brincar ,Gran antro