Wednesday, February 21, 2007

La Diamondback de Pepe


A veces uno llega a ciertos lugares donde parece que lo están esperando. Y se piensa: “Soy de aquí”. Hace seis meses tuve que mudarme, dejé el departamento que habitaba y me moví a un auténtico micro sitio. Se ubica atrás de una casa, ahí construyeron tres departamentitos y alquilé uno relativamente barato y cerca del trabajo, tan pequeño que hasta Barbie y Kent se sentirían apretados. Lo malo es que sólo hay espacio para una de las cinco “chicas” que tengo. Lo bueno es que en ocasiones la vida te compensa con equidad: el día que fui a conocer el lugar descubrí que el patio de la casa era un taller de bicicletas. La escena me convenció de rentar el mini depa.
Había seis bicis de montaña recargadas en la pared y una cantidad incontable de cuadros, rines, manubrios, llantas, asientos, cadenas, pedales, bombas de aire y herramientas en el suelo. La señora que me mostraba el departamento se disculpó por lo que llamó “el tiradero”. Le dije que se despreocupara, vi el lugar apropiado para tener mis bicicletas bajo techo porque nunca las dejo al descubierto. Le pregunté quién era el dueño de todo aquello, entonces mencionó algo acerca de su hijo José.
Cuando me mudé conocí al gran Pepe. Fue un sábado de mayo en la mañana, hicimos click inmediatamente porque me vio llegar con las bicis y salió a echarme una mano con ellas. Cumplió 39 años, es flaco en extremo y tiene un problema con el lenguaje, no sé muy bien qué sea, pero le cuesta trabajo hablar y expresarse, parece que su mente piensa más rápido que su lengua y no modula bien la voz. Pero es genial para cualquier actividad numérica, electrónica, eléctrica y mecánica. Hay que verlo en acción, en cinco minutos instala una línea telefónica, el cable, el aparato, la conexión a internet y la configuración de la mac incluidas. Siempre lleva una computadora de bolsillo donde tiene una decena de claves, con eso tiene acceso a una variedad de servicios. Se ha instalado un complejo sistema de conexiones con las que disfruta de todas las señales de televisión cerrada, internet y larga distancia en tres líneas telefónicas. Todo con el poder de su ingenio.
La otra actividad de PP en la vida es la bicicleta. A diario se mueve en ella, desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche, va de un lado a otro, solo o con una bola de chamacos. Cuando pedalea es como una canción de Van Morrison que suena por las calles. Es un mago para desarmar bicis, engrasar pieza por pieza, y armarlas otra vez. Si se le observa parece algo fácil, lo hace en tiempo récord y creo que podría lograrlo con los ojos vendados. En la colonia es una celebridad, las personas lo aprecian, en especial los niños y los adolescentes que lo siguen en su incansable pedalear. Le traen sus bicicletas y patinetas descompuestas y él las arregla sin cobrarles un quinto. Va a los talleres bicicleteros cercanos y consigue a precio de regalo todas las piezas usadas que puede reutilizar, con esas bicipartes repara las cletas de sus amigos. Todos los días, a toda hora, hay chavos con sus bicicletas que necesitan composturas, se escuchan sus voces y las herramientas chocar contra el suelo.

Los fines de semana se juntan tantos que a veces no caben en el patio y tienen que esperar afuera. PP arregla las bicicletas mientras recomienda algunos trucos de su invención para pedalear mejor. Por ejemplo, te garantiza protección prolongada contra ponchaduras al colocar doble llanta en cada rueda, una encima de la otra, así la cámara no se pica. Para protección ultra reforzada recomienda usar hasta tres juegos de llantas en cada rueda, lo cual aumenta demasiado el peso. Mis “chicas” estuvieron ahí hasta que algunos chavos empezaron a usar la freestyle sin pedirla. No les dije nada y quizá fue un error, cuando me di cuenta ya se la habían apropiado e incluso discutían por usarla. Opté por llevarme las bicicletas y sólo me quedé una de ruta, las demás las colgué en la cochera de mis mejores amigos.
PP tiene varias bicicletas armadas con piezas de otras bicis; todas menos una, su preferida, una Diamondback de montaña modelo Sorrento. La compró hace veinte años, desde entonces le ha metido unos diez kilómetros diarios, a veces más, y según sus cálculos ha rodado unos 80 mil kilómetros. “Ésta es la mejor de todas”, dice PP golpeando con orgullo el asiento de su Diamond, “la mejor”. Y no tengo argumentos para rebatirlo, sé a lo que se refiere porque en los ochenta tuve una Diamondback BMX Silver Streak. La compañía empezó en 1978 con el surgimiento del deporte Bicycle Moto Cross o BMX y su modalidad más conocida, el Freestyle. Se dice que estuvo en California desde el día uno, cuando se dejó de utilizar la Sting Ray de Schwinn para saltar en rampas, correr en pistas y lanzarse al vacío en albercas sin agua.
Durante el 2000, en una fábula económica, la garza británica de Raleigh se comió a las serpientes sobre ruedas de Diamondback. Los ingleses conservaron la marca y la Sorrento se sigue produciendo rediseñada en aluminio. La de PP es de chromoly, un metal preciado por su resistencia y durabilidad. Además conserva partes originales, incluyendo la pintura azul cielo, los golpes y las cicatrices de óxido que la cubren como lunares. Tiene un portabultos trasero para llevar carga o un pasajero, la tijera es una Trek roja que se ve horrible, la de fábrica se rompió una vez que PP chocó contra un coche. Le ha cambiado varias veces la transmisión, pero el poste, el manubrio y los frenos son los de nacimiento. La bicicleta es tan fea que dan ganas de tenerla para darle una mano. Tengo una de montaña semejante y de la misma época, pero mucho más cuidada. Platicamos sobre ellas y las anécdotas que nos han ocurrido al montarlas, pero él insiste en que su Diamondback es absolutamente superior a las demás. “¿Y por qué no la pintas?”, le pregunto, “la traes en fierros”. Se ríe y dice: “Prefiero que se vea fea, así nadie me la roba.”

4 comments:

polvo de menta said...

aaaaaay, yo no tengo vecinos chidos... si acaso una casera viejecita que de tan buena onda me da miedo.

un abrazo, te extrañe estos dias
se mi vecino y hacemos crepas

Bröcoli said...

Woauu parece que Pp es todo un personaje, en efecto me lo imagino en la calle dejando una estela de polvos mágicos, eso...lo pienso como un mago, como un Gandalf jaja.

Enjoy!

Carlos Vzz said...

qué once aganin, mi loko.

pos vi la dire de tu blog en la mosca y me di un rol pa saludarte.

un abrazo

MUSSA*raña said...

El tal PP, se me hace como el Jesús de las "bicis", por lo que escribes se lee, buen hombre.

¿Alguna escasa tendencia freegan?
Tu entrada anterior me hace pensarlo.

Saludientos.